sábado, 29 de enero de 2011

MI VASCA QUERIDA

Sentado en el mármol
del jardín de penas,
me mira mi alma
desde la humedad.
Llora el campanario
tañendo mis venas,
tu ausencia proclama
en el arrabal.

Mi vasca querida,/ mis ojos te esperan,
y veo tu sombra / en cada pared.
Llegando a la esquina / de una cuadra eterna,
mis pasos se aprontan / buscando tus pies.

Sedal mariposa / despierta en mi lecho,
tus cálidas manos / que cruzan el mar.
Con toque de rosas / me inflan el pecho,
y tiembla debajo / mi flor de coral.

Mi pálida Luna / de los horizontes,
sonrisa de un cielo / al que no llegaré,
de grutas profundas, / la voz de tus montes
promete los versos / del amanecer.

Mi vasca querida / la noche que llega,
me lleva a tu sombra / y me sirve un café.
Parado en la esquina / de una cuadra eterna,
el viento me sopla / milongas de ayer.

Farol de mi plaza, / vestida de blanco
ondeando en lo negro / me saludará.
Desde tu terraza / me traerás tus labios,
mi nombre entre besos / me susurrarán.

Si llega una tarde, / y corta los hilos,
el cráneo deshecho / de nuestra vejez,
melena azabache / la sombra en los tilos,
será nuestro techo / cuando sea después.

Mi vasca querida, / mi cuerpo se entrega
al ver que tu sombra / juega con la red.
Doblando la esquina / de la cuadra eterna,
mis labios te nombran / porque te encontré.

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