domingo, 21 de agosto de 2016

Uno a cada lado

Soñábamos juntos, al dormir, uno a cada lado de la cama. Ella tejía los caminos de un reino y hacía florecer pájaros, yo sembraba castillos e invocaba bosques. La cantidad de soles y el color del cielo variaban de sueño en sueño y los faros sobre las montañas brillaban al caer la tarde cuando el horizonte se convertía en mar.
Un día sentimos un zumbido y un temblor, nos abrazamos. La tierra se convirtió en carne y la carne en un dragón. Despertamos uno a cada lado del planeta y nunca más volvimos a soñar juntos.

lunes, 26 de octubre de 2015

Postal (2012)

Mi abuelo y mi viejo a los costados de una vaca agonizante, el resto era campo y detrás la línea recta del horizonte a las siete de la tarde. Ese es el único recuerdo que tengo de nosotros tres juntos. Aunque digan que luego de algunos años lo que recordamos son recuerdos de recuerdos o de sueños y en el camino se pierdan detalles, colores y formas.


Amor (2014)

El amor es lo que nos distrae de la verdad.



Cada año (2012)

Cada año, en los oscuros valles de mi garganta, un niño suspira y extingue los faros de aquella costa en la que encallaré algún día.


Fuente de imagen.

lunes, 10 de agosto de 2015

Amor (08 08 2012)



La conocí cruzando su cuerpo, bailaba en el aire con esa expresión lastimera de quienes liberan proyectos pendientes. Yo la insultaba y de mi boca brotaba el maizal. Perlas de ámbar giraban a su alrededor como satélites de un mundo apenas descubierto. El tiempo no existía en las autopistas laberínticas de mi cráneo.
Callé y quedé mirándola. Mi vida pudo haber pasado en un segundo, cada segundo en una eternidad y la besé por primera vez para siempre.
La amo, siempre la amé, nuestros hijos crecen desde su frente abierta, en mis puños cerrados. Sus labios caen sobre mí para darme un último abrazo desencajado. No habrá un momento de llanto, ni para desprender manzanas bajo la luna.
Los cristales rotos quedarán suspendidos en el aire, tintineando, y todo color será color rojo. Rojo sangre de nosotros dos unidos hasta la muerte, la muerte libre, negra y sin fin sobre el capó, sobre el capó del coche.

martes, 28 de julio de 2015

La mujer sin sobacos (20 07 2015)

Luego de un verano caliente y húmedo, en el que había transpirado hasta su alma, Alicia decidió dejar de usar sus sobacos. No fue solo una cuestión higiénica, sino más bien práctica y estética. Adiós depilaciones, adiós colgajo, adiós piel negra y roja de las axilas.
Su cirujano le había advertido, pero ya subido al tren del dinero le recomendó colocarse hombros de silicona, y así fue. La mujer sin sobacos se paseaba por la calle con sus brazos abiertos, ventilándose, sonriendo cada vez que otro transeúnte le daba un abrazo. En ocasiones se sentía incómoda, pero el amor y la admiración recibidas valían la pena. Y así pasaron los días, los meses y los años. Los hombros soldaron sus brazos y la mujer sin sobacos no pudo ya bajarlos, aunque quisiera. Era una muestra de autodeterminación y entereza.
-¡Así se hace, Alicia! -le gritaba la gente.
-¡Alicia concejal! -le proponían los políticos.
Alicia sonreía pero lloraba por dentro. Su vanidad le impedía reconocer su error y volver a operarse para continuar con sus viejas rutinas.
Un día, mientras caminaba la plaza del Centro, ya no supo para dónde ir ni qué decir. Y ahí quedó. Cada tanto recibe un abrazo, una palabra de aliento, un dibujito de algún niño que la admira o un trago del vago estable de la plaza. Su figura se yergue siempre en el mismo lugar, como una anciana redentora, patrona de la fuerza de voluntad.
-¡Viva! ¡Viva Alicia!








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jueves, 12 de febrero de 2015

El hombre del sillón. (15/02/2014)



Un hombre se sienta en su sillón y enciende el televisor. Un niño, muy parecido a él, se detiene de frente y lo mira con el ceño fruncido. Gruñe, saca la lengua, agita las manos, imita a un pato, luego a un lobo y por último agacha la cabeza, resignado.
El hombre toma su control remoto y cambia de canal.
El niño se desvanece.


Imágen: Hombre en el sillón Alex Jamett Venegas - Artelista.

sábado, 29 de noviembre de 2014

La peor pesadilla.



Creo que la peor pesadilla es aquella en la que uno debe esperar la hora del sueño y dormir para padecer un poco de fantasía.
Algunas personas viven entre las estaciones del subte. Han llegado allí buscando su propia alma y han quedado contando baldosas, identificando cada surco de los mosaicos en las paredes, juntando migas de níquel, escondiéndose de madrugada bajo las cajas de electricidad. Han olvidado el significado del día, la vida de una jornada comienza cuando la muchedumbre atropella y es entonces cuando creen despertar. Mientras tanto, sobre ellos, un hombre da vueltas sobre los túneles de su cama, hasta que el primer rayo de sol le hace abrir los ojos y lo duerme.

sábado, 28 de junio de 2014

Breves de Drul (Andrea Colombo)



Esta noche vi llover.

El agua entraba por mis manos y anegaba los sentidos.  Perdida, perdida estaba.

La mañana de pantanos se hace tibia, sin la plaza, los charcos, lo que he dejado.

Los gigantes miran atentos, no hay descuido. Se revolucionan en las ganas de violarme, de meterse en mi cabeza y tomarla, de sacarla a pasear por las noches malas que he tenido, de ponerme delante del auto que no frena, de matarme de risa absurda y dejarme obsesionada en el vertigo de las veredas y las lineas rotas, de las escaleras, las toallas, el polvo. Ida en las pieles que cambio, en la sangre que no pierdo porque estoy vacia, en el nido que no será, la mujer que me quiere, el orgasmo que no llega, el llanto atragantado.. el elefante disfrazado que pasa a mi lado sin verme como Abraxas, como Odin, como Tadzio, como las manchas negras de sus ojos, como la lluvia que entra por mis ojos y anega mis sentidos sin mojarme.


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Morbosa. Eso soy a veces, una mujer que quiere romper con todo, entonces transformo a las personas en fantasmas y las traspaso. Atravieso personas como si fueran agua. Me les meto por los ojos, por la boca, por las manos, abro a las mujeres como puertas y las cruzo. En esos momentos carezco de nombre y de alma, o tal vez el alma que aparece sea mas humana y mas ajena.

Puedo estrujar un corazón, un hígado o un útero, puedo morder y masticar a una mujer, puedo devorarla como quiera, dormirla, despertarla y volver a devorarla.

A veces el morbo me lleva al daltonismo, puedo traducir todo cuanto veo a mi lenguaje gris, puedo hacer de las palabras y las formas el monocromo sugestionador más importante, puedo pensar en los años que le regalé flores a una mujer que era mía y después de muerta pensar que nunca le pregunté si le gustaban. Puedo permitirme pensar una y otra vez lo fácil que seria matar y lo mucho que lo he hecho.

Revivo a las personas y las amo para violarlas como quiera. Así también puedo violarme y matarme, puedo ser lo que pienso y temerme o no.

La Sra. Robinson nunca se cansa, a pensar que la Gorgona apaga sus ojos lentamente, al momento del regreso un rayo de luz revoluciona los sentidos. La Sra. Robinson queda en el olvido, la Gorgona queda sumida en el punto negro de sus ojos por donde me metía hasta su alma. La Diosa hace silencio y su lengua universal pasa a ser mi voz.

Puedo ver mis párpados escritos por dentro, mil puteadas se amontonan y millones de palabras me describen pero ninguna me convence.

Los objetos cobran vida en el conocimiento, en el recuerdo de la niñez, nada es mas real que el dolor, nada es mas real que una máquina que nos tritura un dedo, nada es más real que esa máquina, soy esa máquina y puedo triturar desde ese nuevo lugar todo cuanto quiera, incluso mi alma.

En la hora que el sueño llega pienso en las personas del día y siempre una permanece toda la noche, a ella puedo besarla.

Las personas que aparecen en la mañana son las del futuro, son las que morderé en sueños sin pedirles permiso.

Se lo que va a pasar, una gorgona abre los ojos y me petrifica, solo tengo que esperar el día en que pueda mover mi mano y decir las palabras que nadie espera porque dan miedo. Yo las tengo todas y son increíbles.

Sale el sol tibio como si Tadzio caminara por la playa y yo pudiera verlo. Varias mujeres se cruzaron como él ante mis ojos.

El posible olor de su pelo hace que me retuerza en la necesidad de no dejarla ir, de salir a buscarla y raparla con la mente. Reconozco que estoy enredándome por dentro y que nada me es mas agradable de ver que sus ojos.

Ahora rechazo todo cuanto alguna vez amé demasiado y no quise dejar ir, todo se marchó sin pausa, el duelo ha durado todos estos largos años donde no hago mas que recordar lo feliz que era, lo agradable del verde cuando era mío y cuando nadie podía negármelo. Eran los carquejales las piernas de mi mujer, de cualquier mujer que hubiera amado, hoy están lejos sin quererlo. Pocas cosas se comparan hoy a las piernas de una mujer, Tadzio, la inimaginable muerte en Venecia, el posible olor de su pelo, el orgasmo reprimido y la palabra perfecta en el momento perfecto.

Habiéndose roto el círculo más pequeño, como si de una violación al mismísimo mundo se tratara, quede estática, todo cobrará movimiento porque la mayoría de las cosas suelen moverse solas, y ahí estaba yo, lo único que podía mover era el sentimiento de estar abandonada para siempre, pero esta vez el para siempre no seria su próxima carcajada, este era el para siempre que habíamos negado, vida y muerte de por medio. El círculo se ha roto antes de poder decirle todo lo que he pensado, tal vez se ha roto porque no ha sido necesario que yo hablara. Mil veces puta. Mil veces se merecerá el infierno por haber dejado atrás tantas vidas.

El universo amigo es tan complejo que a veces lo detesto, ahí aparecen futuros posibles olores y las visiones de tomar un té y leer sentada en una cama que no es la mía. El universo amigo está regido por leyes que nadie entiende, leyes que se ocultan dependiendo de las personas; yo tengo leyes que puedo derribar con dos palabras, después de eso solo debería sentarme a ver como caen los castillos o como mueren los elefantes. Entonces me invaden el silencio y los elefantes, y los castillos me hacen sombra. Mi silencio solo es una pauta para que el silencio de otro me asegure seguir con vida. En este universo mi caída haría suficiente ruido.

Así está mi pensamiento jugando con los números de las calles, buscando la puerta en la que deseo sentarme sin frio a esperar la mañana.

viernes, 27 de junio de 2014

En el camino del bosque

En Químicamente Impuro




    Apareció sin pretensiones en el camino del bosque, como se manifiesta la guadaña de la luna entre las hojas que caen, mientras crujían las piedras sus monótonos coloquios.
    A simple vista era un resplandor blanco, persistente y ojival, acompañado del murmullo de una colmena.
Rompiendo ese velo de hiedra que la naturaleza dispensa, una niña entristecida y cuyas manos templaba el llanto, deslumbrada quedó ante aquél prodigio, aunque tenía los ojos cerrados.
    Bajo un ciprés que danzaba, arrodillada quedó al momento, y santiguada, comenzó a rezarle entre sollozos a la figura virginal, mirándola a través del cerrojo de sus dedos. Y tan poseída imploró, y tan complacida se fue, que la romanza del silfo no escuchó.

lunes, 28 de abril de 2014

Niebla roja


—¡Goool!
    El alarido desde las gradas rompe la armonía de la noche. La niebla roja emana de cada poro de la multitud albiazul, se encauza cobrando fuerza y consistencia, y forma un delta que desemboca en el torbellino que rodea al jugador número veintidós de la formación local. El goleador, luego de abrazarse con sus compañeros, se cubre el ojo derecho, entonces, como si de un rayo se tratase, un chorro de niebla roja sale disparado del ojo izquierdo hacia el palco oficial. Allí, entre las sombras de otros hombres, se acomoda el presidente del club que, impactado en las cuencas de sus ojos, inhala profundo, llena sus pulmones y sus venas de la niebla roja, que se derrama también en su traje, y se inflama como un ácaro rechoncho.
   
La gente se abraza, murmura y vuelven a sus asientos. El presidente ríe a carcajadas guturales, se cubre el ojo derecho por un instante y se sacude el traje para esperar el siguiente gol.

Descarga MiNatura Nº133.

viernes, 7 de marzo de 2014

ENTER (2001)




Corto realizado en el 2001, furtivos en el Pasaje Dardo Rocha, con la ayuda de Martín Panella, Andrea González y Sergio Stagnaro, y reeditado en 2013.

sábado, 1 de febrero de 2014

Extracto de "Bajo la Vieja Tierra"

¿Cómo puedo estar vivo cuando la gente que conocí está muerta? Se han esfumado en los corredores como guirnaldas de humo, como jirones de nube; estaban aquí, y me amaban, y me conocían, y ahora están muertos.

Adiós. (Extractos)

... El otoño. Nuestra balsa alzada entre brumas inmóviles toma rumbo hacia el puerto de la miseria, la ciudad enorme en el cielo tiznado de fuego y de barro. ¡Ah! ¡Los harapos putrefactos, el pan mojado por la lluvia, la ebriedad, los mil amores que me han crucificado! ¡No terminará nunca este vampiro que reina sobre millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados! Me sueño con la piel roída por el barro y la peste, llenos de gusanos los cabellos y las axilas y llenos de gusanos todavía más gruesos el corazón, tendido entre desconocidos sin edad, sin sentimientos...
Podría haber muerto.
...¡Ominosa evocación! Execro la miseria...


A. Rimbaud

miércoles, 22 de enero de 2014

Orden y Libertad

El orden y la libertad son incompatibles.
La libertad escapa a los conceptos y el orden se vale de ellos.

Estaremos siempre tan alejados de la libertad, que el solo deseo de ir a buscarla nos hará perder el alma y la forma.

sábado, 4 de enero de 2014

Se deshace una criatura...

















Se deshace una criatura
sobre hojas muertas y negras
al fondo de un balde viejo
en cada alambre de púas
en viejas cartas resecas
en lunas nuevas y llenas
y frescas y diluidas
en reposeras plegadas
en largas listas de apodos
de niños desamparados
en mezclas de sangre y ojos.
Un muñeco desmembrado
que aún guarda sus sonrisas
grabadas en porcelana
como las fechas talladas
en la tumba con mi nombre.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las últimas notas.

   Sebastian Maurer contempla la luz de las estrellas que llega a la mesa a través del hollín de su ventana. Instantes después, en un mismo envión, echa el tintero sobre sus últimas notas y rompe las hojas. Esa misma madrugada, irrumpe en su laboratorio la milicia cazabrujas. El fuego está encendido y, si bien nadie lo ve arder en la hoguera, el pueblo sabe que el alquimista tiene el destino marcado.
   Tres años más tarde, en 1618, cae una lluvia de color plomo durante segundos y mata a trece miembros de la Iglesia de Hradcany, Praga, entre ellos el novicio favorito del arzobispo. Acusan a Katerina Petrova, extranjera, y la ahogan en público.
    A principios de 1707 el capitán esclavista Alfonso López de Rivera cree ver un destello azul a doce nudos de la proa. Al momento su galeón, el Gloria Fransisca, se hunde en el mar Caribe envuelto en llamas. No hay bitácoras que den testimonio de lo sucedido.
    Hacia junio del 1785 se incendia el taller del marqués de Jouffroy d’Abbans, con todo y planos del barco a vapor definitivo. Las autoridades lo señalan como un accidente.
    En verano de 1817, el General San Martín guarda en sus alforjas el frasquito lacrado proveído por un asistente al momento de partir. Jornadas más tarde la sustancia roja y brillante del frasco salva su vida, aunque agrava las molestias que padece en el vientre.
    En 1947, la expedición científica militar “Highjump” al Polo Sur sufre numerosas bajas mientras cartografía la Tierra de la Reina Maud. Las fuerzas de Estados Unidos abortan la operación. Al año siguiente, dos enormes submarinos alemanes provenientes de la Antártida llegan a Mar del Plata, parte de la tripulación queda en esa ciudad.
    Hoy a la noche, cerca de la ciudad de La Plata, fueron encontrados tres cuerpos calcinados correspondientes a un menor N. N. y al matrimonio en su propia estancia arruinada por el fuego. Los bomberos no encuentran documentación más allá de cuadernos viejos y chamuscados con notas ilegibles. En el cuerpo del niño aún late y recuerda viejos tiempos, el corazón de Sebastian Maurer.




martes, 4 de diciembre de 2012

Llueve sangre.




Es de noche. Los vampiros vuelan sobre el bosque. Roncan a coro una horrible canción. Rozan la copa de los árboles esqueléticos y rojos con sus pies pero no detectan la presencia de Marty, que tiembla al recordar los dientes de rata y esas lascivas miradas. El niño no va a permitir que desgarren su cuerpo en el aire como lo hicieron con sus seres queridos.
    Toma un respiro y se aparta cada vez más del camino. Detrás los crujidos se multiplican, pero Marty no voltea, sigue firme hacia la comisaría donde, sospecha, los vampiros suelen descansar mientras es de día.
    Encuentra las puertas abiertas y un pequeño arsenal desparramado en el suelo. Toma un revólver como el que poseía su padre.
Abre algunas persianas y cortinas. Observa el fulgor inédito de las estrellas sobre el pueblo. Se encierra en la celda con llave.
    Al cabo de unos minutos comienza a repiquetear sus mocasines contra las baldosas. En vez de sueño y descanso, horas de impaciencia y memorias. Luego, la ominosa melodía de los no vivos, el tumulto, los chillidos y arañazos en el tejado, lluvia. Largos quejidos de puertas y ventanas. Los pasos que se acercan. Marty contiene la respiración, apesta a muerte. Las sombras se brotan de los marcos de las ventanas. Dispara una vez, dos veces. Ve cómo, de a poco, la gloria de la mañana penetra la estancia. Recarga el arma. Sospecha que el silencio repentino es una trampa, pero aún así abre la celda. Sale empuñando el revólver, camina lento hacia la puerta de salida, que está abierta.
    Llueve. Llueve sangre. La figura de un hombre lo espera afuera, a quince yardas. Es su padre.
    Se miran, no están sorprendidos, el hijo apunta a los ojos y dispara con pena. La bala da en la garganta; el vampiro se retuerce unos instantes hasta que al fin cierra sus ojos. 
    Marty toma las llaves y la billetera de su padre del bolsillo donde siempre las guarda.
    Vuelve a su casa donde se pudren los andrajosos restos de su madre, besa el cráneo. Se monta en la bici y, antes de abandonar el pueblo por la carretera, le da dos balazos al cartel que condena: Bienvenido a Jerusalem’s Lot.
    Mientras tanto, el padre de Marty se arrastra, se resguarda en las sombras y sonríe orgulloso, al fin ha confirmado que su hijo lleva en las venas su misma sangre.

Ilustración: Detalle de "They All Float" por Jacobo González Izquierdo

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El francotirador

— ¡No puedo atinar, Sargento!
— ¡Hágalo, es una orden!
    El francotirador apuntó de nuevo y
disparó una y otra vez, pero erró los
dieciocho tiros. El diminuto objetivo
continuó corriendo entre las ruinas de
la casa y rescató a su muñeca.
    El Sargento agarró al subordinado del
cuello, le presionó el pecho y el pecho
se abrió.
— ¡Aquí está el problema!
    Metió el brazo en las entrañas y quitó
el fusible de cristal que contenía un
humano quebrado y seco. En tres
segundos instaló un fusible nuevo,
cerró la abertura y rompió el fusible
viejo contra el piso.
—Ahora sí, soldado. ¡Dispare!

En revista digital MiNatura 120
Ilustración original por Eduardo francisco.

lunes, 16 de julio de 2012

Un acontecimiento no reportado


     — ¡Despierta! —la voz de Martín en el intercomunicador—, ¡no lo vas a poder creer!
    Carlos llegó a la sala de monitores aún en bata y de a pasitos. Las luces del ala Este titilaban. Martín señaló hacia una de las pantallas mientras degustaba la situación.
    —¡¿Verde?! —Preguntó Carlos, colocándose las gafas—... Es… ¡U-un bosque!
    —¡Mira —exclamó Martín sorprendido—, un pájaro blanco! ¡Increíble… una paloma!
    Y quedaron en silencio, abrazados y felices, contemplando los movimientos sugerentes de las ramas ante la brisa. Es que los vigilantes no imaginaban ver, a sus años, semejante acontecimiento desde la base Imbrium, en la Luna. Reían, aun sabiendo que nunca más pisarían suelo terrestre.
    —Los de menos de sesenta no valorarán esto como nosotros —dijo Martín—, qué…?
    Los sensores se activaron de nuevo, las cámaras buscaban el objetivo cuando, de repente, una sombra blanca salió de entre los árboles. Parecía ser un hombre de cuarenta, amortajado, de barba larga y cabello moreno. Dio tres pasos afuera y bostezó desperezándose. Martín se tomaba la cabeza, su compañero temblaba.
    —No —balbuceó Carlos—, no puede ser.
    — ¡¿Un zombi?! o un prófugo. Debería reportarlo — colocó su índice sobre el intercomunicador y miró a Carlos—… Lo reporto… ¿no?
    El hombre de blanco gritó en las calles quebradas. Las cámaras lo siguieron setenta metros hasta el estacionamiento del Wall Mart. Tomó una botella de vino de los escombros, se sentó sobre un banco de jardín y bebió de a sorbos durante un tiempo.
    Martín tomó un acercamiento a su rostro curtido y de expresión despreocupada.
— ¿Je-Jesús? —Carlos babeaba, absorto—... ¡Jesús!
    El rostro en primer plano miró a cámara, sonrió y guiñó el ojo.
    Carlos apagó el monitor. Martín desconectó el resto.

miércoles, 27 de junio de 2012

Anotaciones al margen


    Hago estas anotaciones al margen del libro que estuve leyendo hasta el momento en que se apagaron las luces. A veces uno cruza, sin darse cuenta, puertas que no debe cruzar. Desconozco dónde me encuentro, qué conjuro secreto he evocado de estas páginas me hizo llegar aquí, sólo sé que es un lugar oscuro y ceniciento. Mis pasos hacen eco en paredes que no alcanzo a ver y los crujidos de las tablas por las que camino sugieren ideas retorcidas.
     Siento en la piel roces como de arañas. Contengo la respiración y quedo quieto para desestimar que es mi propio aliento el que me incomoda, pero confirmo la verdad más terrible: hay alguien más hay cerca de mí, acosándome.
     En momentos como éste no me atrevo a preguntar por quién anda ahí, ya que no conviene escuchar una respuesta. Es inútil abrir más los ojos, me presto al juego de siluetas y calaveras que sugiere el terror que estoy padeciendo. No tengo el valor de gritar, sólo quiero cubrir mi espalda hasta que se filtre por algún resquicio la luz del sol o esos fantasmas me lleven al otro mundo.
     Una voz grave, como de juez, murmura mi nombre a cada rato, y un resplandor verdoso dibuja el contorno de una puerta. Quizá esta prisión negra sea el purgatorio de culpas que no he asumido, o una pesadilla que evoca mis deseos más absurdos, pero si alguna persona de buena voluntad entiende lo que acabo de escribir, deseo que le comunique a mis seres queridos que estuve pensando en ellos hasta el final. Adjunto a estas páginas mi documento.

lunes, 18 de junio de 2012

Camino al Infierno


    El sol cocina lagartos sobre la ruta, y yo soy un lagarto más. Las rocas calcinadas son tumbas anónimas de quienes no quisieron volver, hay una reservada para mí. Pero hasta ahora, sobre esta Jawa, mi espíritu rugió su libertad.
    Lejos del deseo espera mi piel humana, colgada en una oficina, en cruces, en manos que no son mis manos. Su olor podrido llamó a los buitres que me acompañan, mientras otros buitres se impacientan sentados tras escritorios. Para ellos son mis tripas inflamadas de placer.
    Vuelvo del mar y del bosque, hacia el Infierno al que el sacerdote me ha confinado.

sábado, 2 de junio de 2012

Familia



     Osiris despertó en su camastro cuando Isis le llevó el desayuno. Leche, pan caliente y dátiles.
     Horus jugaba afuera entre las flores, su madre lo veía desde la ventana y suspiraba.
     Osiris se limpió las migas de la boca y notó la mancha de humedad en forma de pez del cielorraso.
      —Mañana me subo al techo y lo arreglo.

     Isis dio media vuelta con la cabeza gacha.
      —¿Cómo nos convertimos en esto, Ricardo?


 En Quimicamente Impuro

viernes, 18 de mayo de 2012

La sombra

    Mi insomnio será mi  mejor aliado contra una noche como esta, Dios no escucha mis plegarias y se aleja de las velas. En cambio otras voces me responden, los sauces familiares murmuran mi nombre a la ventisca y la madera de los muebles cruje en su idioma roedor. El perro, acurrucado y ansioso sobre el viejo edredón, gira su cabeza hacia la entrada y comienza a mover la cola de repente porque algo más escucha.
    Una sombra pasa sin detenerse, quizá sea una ilusión secuela del cansancio que dejó un día difícil, mi imaginación juega con las figuras esbozadas por la lumbre a merced del viento, puede ser que yo mismo al recordar la convoco.
    La espera a un nuevo incidente se hace opresiva, hasta que el inconfundible tintineo de la vajilla en la cocina, murmullos y pasos arrastrados desde otro mundo anuncian lo que cada noche como esta ocurre.
    No quiero verla así, que se pare frente a mi cama y acaricie mi nariz mientras se lamenta, como la última vez. Pero me resigno, cierro la puerta del cuarto con los ojos mojados susurrando para mí mismo: Que descanses, mamá…


lunes, 30 de abril de 2012

Los tentáculos de Dios.



  
    —Dios no destruirá este barco —dijo desde el muelle el Obispo Diego Gelmírez, momentos después de bendecir a la galera Voluntad de Santiago.
    El capitán sonrió de soslayo y acarició la cruz de su espada, pues había sobrevivido la última vez a los tentáculos de Dios y a la tempestad sin ayuda de la curia. Oteaba el mar como quien busca un camino entre tumbas abiertas. Mientras, siete vírgenes, siete niños primogénitos y catorce ancianos dispuestos a remar, elegidos entre la comunidad por la Iglesia, eran acomodados sobre la embarcación por dos feligreses.
    A la medianoche los remos hirieron las turbias olas entre llantos y rezos. Los vecinos iluminaron con velas y farolas la costa en su vigilia, cuando la Luna escondió su círculo entre las nubes negras.
    Pasados los suspiros, la galera se hundió en un cielo de sombras.   
    Nunca más se volvió a ver a aquellos mártires, y sus nombres fueron recordados en plegarias. Pero cada vez que se avistan los ominosos tentáculos portadores de tormenta, un sacerdote toca la campana y los voluntarios ofrecen sus almas en el puerto, para partir con fe por un lugar junto a Dios.

 



Imágen: Famous monsters of Filmland

miércoles, 25 de abril de 2012

La esfera de luz

    
    En la noche más negra de la Humanidad, el Sargento Johnson preparaba los cañones sonriendo y transpirando de ansiedad. 
    Cerca, muy cerca, sobre el cerro Uritorco, Alberto, uno de los últimos civiles en pie, hacía señales de marina como loco y lloraba ante la esfera de luz y plata que zumbaba en el aire, flotando. La ayuda celeste parecía haber llegado tarde.
—¡Paz! —gritó Alberto— ¡Que vuelva la alegría, por dios!
    Su lamento se unió a otros, en otros cerros del mundo, frente a otras esferas de otros colores. Y arrodillándose, con lo poco de voz que le quedaba gritó de nuevo:
—¡Que vuelva la alegría!
    Entonces la esfera disparó un haz de luz silencioso, devastador, y otras esferas dispararon.
    El Sargento Johnson estalló en una carcajada, golpeando el tablero de control con la cabeza. Y hubo otras risas, desde otras luces.


Fuente de la imágen: Contacto OVNI Chile

jueves, 12 de abril de 2012

DESPEDIDA


     Las mariposas caerán como hojas.
—Ha llegado el otoño —suspiraste otra vez, cruzándote de brazos.
     La Luna llena convertía el trigal que rodeaba tu árbol en un mar azul. Deseaba quedarme contigo hasta que llegase el cuervo.
—Ya me iba —susurré.
—No, todavía no —sonreíste iluminada.
     El último grillo comenzaba a cantar.


Imágen: Gustav Klimt 

viernes, 6 de abril de 2012

Regreso a casa




 REGRESO

    Regresa por unos segundos a su casa, tan solo para sentarse a la mesa como lo hacía cada noche. Recorre cada una de las habitaciones con la mirada, deseando tomar coraje y enfrentar por última vez a sus hijos, pero nada consigue. Todo estaba perdido: la carne, el tiempo, la voluntad.
— Adiós —dijo, y crujió la madera de alguna puerta—, nos vemos en otra vida.
    De repente, la luz del baño se encendió, y una sombra pequeña y encorvada susurró con la voz humedecida:
—¿Querido? Volvé a la cama que hace frío.



EL SÁTIRO

    Luego de trastabillar con el último escalón, logra introducirse en su casa, aún agitada se cuelga del picaporte y mira por el ojo de la cerradura. En fin, se refugia del sátiro que cada tarde la persigue, y espera que, de un momento a otro, él aparezca frente a la puerta y la derribe de un golpe, o varios. Y mientras recupera el aire, acaricia con la punta de los dedos el borde de sus labios temblorosos.
    Pero el sátiro pasa de largo, corriendo a los saltos como suele hacer. Ella, enfurecida, sale, se para en el jardín con los brazos en jarra y agrandando los ojos aún más, grita:
—¡Aquí, macho! ¡Aquí!


Imágen

sábado, 31 de marzo de 2012

Perdido en el bosque


El hombrecito del bosque


    Hay quienes dicen, al ver la madriguera en mi jardín, que parece el hoyo de un conejo, pero no lo es: allí vivió hace un tiempo el hombrecito que vino del bosque. Lo sé porque yo lo he conocido, soñé con él una vez, y se enamoró de mí.
                Una noche de luna golpeó mi ventana, y le di paso al reconocer su sonrisa.
                Compartimos largos diálogos; él deseaba raptarme de mi mundo e integrarme a su familia. Contaba que allí cada fogón era un hogar, que el cielo daba de comer planetas, que aún había lobos con quien hablar, y que, con paciencia, me volvería como él.
                Yo, que no soporto caminar sobre el barro, asentía con la cabeza, pero dilataba mi decisión.
                Una noche de septiembre, hizo que los árboles ladearan sus copas para que la luna iluminara la ría.
—Volveré al bosque —dijo señalándolo—, y allí te esperaré.
                Zarpó sonriendo, acoplado al tallo de una rosa. Lo vi a través de la cruz de mi ventana, desapareciendo entre los reflejos y la espuma del agua.
                Desde entonces, al pasar por cualquier bosque, se me humedecen los ojos.

 Fantasma

  Tu figura velada se perdió en el bosque. La noche era como aquella noche, la luna segaba virutas de cristal celestes. Las aves pretendían disuadirme con sus graznidos, mientras un lobo acechaba al costado del camino.
              La brisa parecía susurrar desde las copas de los árboles.
—Por allí —murmuró un roble.
—¡No sigas! —lloraba en el sauce.
              Yo me quitaba las ramas de encima. Las bocas de oscuridad proponían atajos dudosos. Y, casi tropezando, llegué al claro donde está nuestra casa. Tu carita congestionada asomó por la ventana, y miró hacia mí, pero no me viste. Algo te había llamado la atención. Entonces, el rugido del lobo y al voltear, los faroles de sus ojos sobre mí.
              Al caer desaparecí, y despertaste.

jueves, 15 de marzo de 2012

Dioses

Buena suerte

-Un seis... dos seises... tres seises!
Los dos dados restantes resbalaron de la mesa y rodaron escaleras abajo. Él no se molestó en detenerlos. Uno cayó sobre el barro de Europa en el año 1302, el otro en Pearl Harbor hacia 1941.
-¡Generala!

 
Los bosques sin lobos, son como catedrales sin dioses.

¿Cómo podemos amar a Dios, si cada vez que lo vemos lo aturdimos, lo cortamos y lo comemos?

Dios hará caso real a nuestras plegarias, el día en que la cigarra nos rece en nuestro idioma.

Un milagro debería ser para Dios, como es un trozo de pan arrojado las palomas. Algo ordinario, pero que todos esperan y reciben con desesperación.

Pronosticar el fin del mundo, predecir el final del día y venderlo como libro. Lo peor es que algunos quieren que sea de noche para decir: “Yo te lo dije”.